John L. Graham
Sabado, 17 de agosto de 2002
Bimbo
es mi nombre de marca favorito. Demuestra tan
bien las dificultades de mercadeo a través
de las fronteras. En la página 501 de
nuestro libro de texto, Mercadeo Internacional
(escrito en conjunto con Philip Cateora, McGraw-Hill,
2002), presentamos la foto de un jugador de futbol
soccer con un anuncio de Bimbo decorado encima
de su jersey. Por supuesto que para los estadounidenses
promedio, "bimbo" es un modismo por
una rubia tonta. Incluso en el Diccionario Webster
se define como "... un término de
descrédito, una ramera".
Mientras
tanto en España, México, y otros países hispanoparlantes,
la palabra "bimbo" no tiene un significado despectivo.
En verdad, a menudo se le asocia con el osito blanco que es el logo
de la marca de pan Bimbo. Bimbo es la marca más popular de
pan en México, y debido a NAFTA sus brazos corporativos se
extienden hasta el norte. Por ejemplo, esta firma mexicana recientemente
acaba de adquirir Mrs. Baird's Bread, la marca local de pan más
popular en Dallas, Texas. Y ahora usted puede ver rumbo al norte
grandes camiones de 18 ruedas arrastrando camionadas de productos
Bimbo en la carretera interestatal 5 hacia vecindarios latinos del
Sur de California.
¿ Quizás Bimbo sea la razón por la que los padres de la ciudad
de Anaheim teman tanto la entrada de Gigante en su ciudad? Gigante, la cadena
de supermercados mexicanos, ofrece bollos, tomatillos, peras cactus, y otros
productos latinos favoritos de marca Bimbo. Gigante ya tiene tres tiendas en
el condado de Los Angeles pero la ciudad le ha negado el permiso de abrir un
nuevo mercado cerca del "Lugar Más Feliz de la Tierra". Habría
que preguntarse si Disneylandia, el empleador más grande de Anaheim, pueda
estar preocupado por la yuxtaposición de la marca Bimbo y sus personajes
clave, Alicia, la pequeña rubia americana típica y sus hermanas
de cine.
En realidad, se podría decir con más propiedad que el embrollo
Gigante/Anaheim se refiere más a una mezcla de nacionalismo, aversión
a los extranjeros, e incluso racismo. He enseñado mercadeo internacional
durante los últimos 25 años, más recientemente durante los últimos
13 años en la Escuela de Administración para Graduados en UCI.
Durante ese tiempo a menudo las firmas estadounidenses se han encontrado con
problemas similares a medida que se han expandido alrededor del mundo.
Considere el nacionalismo francés. Sus campesinos son famosos por sus
protestas --lanzan chuletas de cordero a sus ministros de comercio o ensucian
los parques de estacionamiento de McDonalds con camionadas de frutas y verduras.
O mejor aún, los comentarios de Jack Lang, ministro de Cultura, acerca
de la Cadena de Dibujos Animados de EU: "Debemos luchar contra esta agresión
estadounidense. Es intolerable que ciertos grupos audiovisuales de Norteamérica
colonicen desvergonzadamentea nuestros países". ¡Imagínese
al Ratón Mickey con un M-16!
O considere nuestro propio miedo y repugnancia de la "colonización
japonesa" en los años 20 como en los años 80. Y, esta aparente
xenofobia se volvió racismo cuando los estadounidenses apedrearon Toyotas
y Hondas, pero no Volkswagens y BMW; cuando denunciamos que los japoneses adquirían
las firmas estadounidenses pero ignoramos que Alemania recientemente se engulló firmas
tales como Bankers Trust, Random House, Chrysler, e incluso Napster.
La prohibición de PEMEX sobre inversiones estadounidenses en la industria
petrolera y de gas en México es un buen ejemplo de su nacionalismo. Sin
embargo, cuando Petróleos Británicos compra ARCO no hay problema,
pero cuando el gigante mexicano del cemento CEMEX compra Southdowns de Houston,
eso es un ejemplo de racismo.
Una rápida vuelta en auto por Tijuana revela muy bien una cruel ironía
referente a los problemas de Gigante. Llevo allí a todos mis estudiantes
de negocio internacional por un viaje de un día --por qué no, podemos
ir a otro país en sólo dos horas. Durante la última década
el cambio en la fachada de los negocios minoristas en Tijuana ha sido notable.
Después de NAFTA en esta ciudad fronteriza ahora dominan la escena Blockbuster
Video, Burger King, COSTCO, Smart & Final, y otras marcas estadounidenses.
Pero la ironía más cruel es la manera en que la ciudad de Anaheim
está defendiéndose del Gigante del sur. Se le negó su petición
por una licencia para licor. En 2001 los mismos personeros le concedieron una
licencia para licor a un minimarket/estación gasolinera a menos de mil
pies de la escuela primaria Ben Franklin. Esa licencia de licor, la 15 en el
vecindario, fue concedida a pesar de las vehementes protestas del distrito escolar,
maestros, expertos médicos locales, el clérigo, y los vecinos.
En verdad, el 3 de diciembre de 2000, este autor argumentó el caso contra
esa licencia en las páginas de la sección Opinión de este
diario.
Pero el verdadero asunto no es la licencia para licor. A Smart & Final Inc.
de Commerce, California, se le concedió una licencia de licor hace unos
10 meses para el mercado que están abriendo, adyacente al sitio propuesto
para Gigante. Quizás Smart & Final no venda peras cactus, evitando
de esta forma el prejuicio espinoso que enfrenta Gigante, nuestro vecino de NAFTA.
El Concejo de la ciudad de Anaheim considerará la apelación de
Gigante el 20 de agosto.
John L. Graham es profesor de International Business en la Escuela de Graduados
de Administración Empresarial de la Universidad de California en Irvine
(UCI).
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