John
L. Graham
Lunes, 07 de mayo de 2001
Los
disturbios y protestas que se dieron en Seattle,
Praga, Melbourne, Washington y la ciudad de Quebec
contra los términos imperantes del comercio
mundial fueron apenas una llovizna en comparación
con lo que se avecina. Se están acumulando
nubes amenazadoras sobre el sistema mundial de
comercio y una gran tormenta podría sobrevenir
este verano.
Los
acontecimientos comenzaron a precipitarse con la publicación
de las estadísticas de comercio para el año 2000 del
Departamento de Comercio de Estados Unidos (http://www.stat-usa.gov).
Se avizoran al menos dos fuertes chaparrones. Para empezar, el déficit
en la balanza comercial de pagos de EU sobrepasará los 400,000 millones
de dólares por primera vez en la historia del país. Los sindicatos
y el congresista de Missouri Richard Gebhardt no dejarán, como de costumbre,
de restarle importancia a los servicios de exportación, sector en el que
siempre tendremos un superávit que sigue creciendo por más que
ellos subestimen su importancia --pasándolo por alto, harán que
la cifra "400,000 millones" truene desde los pasillos del Capitolio.
En el pasado, las quejas de Gebhardt sobre los déficit comerciales no
han surtido el efecto que se hará sentir este año. No le van a
faltar aliados, además, entre los economistas. Los economistas de mi departamento
en UC-Irvine, aconsejan que se tenga confianza mientras los déficit comerciales
no sean grandes en comparación con el producto nacional bruto. Pese a
todas estas consideraciones, al llegar a una cifra como la apuntada nos estamos
acercando a un nivel peligroso. Se pronostica un debilitamiento del dólar.
Esto llevará, indefectiblemente, a la inflación y con ello a que
se empiecen a retirar de EU los inversionistas extranjeros.
El segundo chaparrón que traerán las cifras de diciembre 2000 se
refiere a la identidad del país con el que EU ha contraído el mayor
déficit en la balanza comercial. En los últimos 20 años,
Japón ha encabezado la lista de países cuyo intercambio de mercancías
con EU desequilibra la balanza de pagos en contra nuestra. Esto cambió en
2000 y va a ser China la que recarga la balanza con 83,000 millones de dólares
a su favor.
Puesto que China no habrá sido aceptada todavía en la Organización
Mundial del Comercio (OMC) para el verano, el Congreso volverá a votar
sobre el asunto de la normalización del comercio. Así que, aunque
la estabilidad y el desarrollo en China son cruciales para que continúen
sus reformas, serán las quejas y el rencor lo que se oiga en Washington
D.C.
El panorama se muestra aún menos idílico si dirigimos la vista
hacia nuestra frontera sur. No falta mucho tiempo para que los camiones mexicanos
circulen por nuestras autopistas. El presidente Bush ha decidido cumplir los
acuerdos con nuestros socios del TLC. Cualquier accidente en el que haya víctimas
estadounidenses, creará una crisis.
Añádase a esto una recesión doméstica, con desempleo
en el segundo semestre de este año, y tendremos reunidos todos los elementos
para una gran tormenta sobre el comercio internacional. Habrá también
pequeños chubascos en torno a cuestiones tales como: los trabajadores
inmigrantes de México, las maquinaciones de la Organización de
Países Exportadores de Petróleo (OPEP), los subsidios gubernamentales
al aerobús ("Airbus"), y la aversión de Europa contra
los alimentos genéticamente alterados que tratamos de venderles.
De hecho, el pánico ya se deja sentir. La sorpresiva reducción
en la tasa de interés que ordenó Alan Greenspan a comienzos de
este año, fue señal de que comienza a estremecerse la más
honda base de nuestra estabilidad. Los apagones en California, Meca de la alta
tecnología, ¿cómo llegaron a ocurrir? El verdadero culpable,
por supuesto, es el exceso. De hecho, los monstruosos 4 x 4 son un recordatorio
de la deuda monstruosamente grande (tanto personal como corporativa) que acumulamos
durante los últimos cinco años.
Estados Unidos es el mejor lugar para disfrutar de la bonanza económica.
Sabemos cómo divertirnos. Lo malo es que nuestros sistemas de gerencia
no saben administrar igual de bien cuando llega el declive. En Japón,
los mercados financieros y de bienes raíces perdieron el 60% de su valor
a comienzo de los años 90. Desde entonces han languidecido. ¿Cómo
nos las arreglaremos nosotros si entramos en un declinar semejante?
Los despidos que vienen serán atribuidos a los mexicanos, chinos, japoneses
y europeos. La xenofobia asomará de nuevo su fea cabeza.
A mal tiempo, la buena cara del valor de nuestros líderes será lo
que nos pueda ayudar a navegar por el agitado mar del cinismo, la crítica
y el miedo. Debemos reconfortarnos pensando que cualquier tormenta, incluso una
grande como la que se avecina, terminará por pasar.
John Graham es profesor de Negocios Internacionales, UC-Irvine.
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