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John
L. Graham
Domingo, 17 de junio de 2001
¿Un
general como secretario de Estado? Ya hemos visto
que unas veces funciona y otras no. Recuerden
los historiales de servicio de George Marshall
y Alexander Haig, respectivamente. A toda vista,
la selección de Colin Powell por parte
de George Bush es algo estupendo para el país.
De hecho, el señor Powell parece comprender
bien la diferencia que existe entre su carrera
previa y su nuevo trabajo: hacer la paz (a través
de la guerra) es una tarea fundamentalmente diferente
a promoverla.
Aplaudo
vivamente el escepticismo del que hizo gala
Powell sobre la efectividad de los embargos
comerciales. Estoy de acuerdo con que el comercio
debe ser usado para recompensar, no para castigar,
a los países
que se "portan bien" --de hecho, quizá las noticias
más auspiciosas provenientes de Asia en meses recientes ha
sido la visita del líder norcoreano Kim Jong Il, acompañado
de su alto mando a una fábrica de automóviles Buick
en China.
Me causó buena impresión también el enfoque oficializado
por la declaración del secretario Powell de dar la bienvenida a un nuevo "internacionalismo
estadounidense", el cual debe lograrse "no mediante el recurso a la
fuerza y la posición ventajosa de nuestro poderío para aislarnos
del mundo con un muro, sino conectándose a este". Sin embargo, una
cosa que sí me preocupa es el apoyo que parece prestar el secretario a
la construcción de un muro particularmente costoso: el escudo antimísiles
(NMD o National Missile Defense), más conocido como la "Guerra de
las Galaxias". Ya hemos gastado casi 60,000 millones de dólares en
el NMD y todavía no sabemos si realmente este sistema armamentista funciona.
Está basado en la premisa de que podemos derribar del cielo a todos los
mísiles que nos puedan mandar las naciones "rebeldes". Tanto
el señor Powell como el señor Bush arguyen que el muro NMD es el
mejor seguro contra un chantaje nuclear.
Lamentablemente, la historia nos enseña que tales muros no suelen funcionar
bien. En el siglo IV de nuestra era, los chinos comenzaron a erigir la Gran Muralla.
Fue terminada bajo la dinastía Han, unos 200 años después
y ha sido llamado el proyecto de construcción más monumental de
la historia: 1,500 millas de longitud y 30 pies de alto. Se levantó para
detener a los hunos, nómadas esteparios del Asia central y consumados
jinetes. Sin embargo, la Gran Muralla no dio el resultado esperado. La única
manera de lidiar con los hunos, al principio, como descubrieron los Han, fue
entregándoles a sus hijas como mujeres y, eventualmente, atacándolos
en su propio territorio, al otro lado del muro.
¿
Alguna vez ha tenido oportunidad de pasearse por Yorktown? Los muros
de Cornwallis se mantuvieron erguidos por un mes, bajo el bombardeo estadounidense
y francés; pero, el 19 de octubre de 1781 Cornwallis y sus ocho mil hombres
depusieron sus armas en la batalla que decidió nuestra Guerra de Independencia.
Quizá el muro más perjudicial alguna vez levantado fue el construido
por el Congreso en 1930. La tarifa Hawley-Smoot comenzó como una medida
bastante razonable y de loable propósito: ayudar a los agricultores del
país. Sin embargo, para cuando los cabilderos le dieron los últimos
toques a fin de que se convirtiera en ley, se le habían añadido
unas mil enmiendas que aumentaban las tarifas sobre los bienes a costo, del 38.5%
hasta casi el 60%. Nuestros socios comerciales extranjeros respondieron con la
erección de su propia valla de tarifas y, de valla en valla, el mundo
cayó en la depresión económica. Sobre esta miseria Hitler
consolidó su poder político.
Entre mis fiascos favoritos destaca un muro de contención: la línea
Maginot, construida a lo largo de la frontera francoalemana después de
la Primera Guerra Mundial. La construcción de esa línea "inexpugnable" de
defensa casi dejó en las lonas al acosado gobierno francés de mediados
de los años 20. Como era de esperarse, los ejércitos del Führer
la transpusieron con toda facilidad y barrieron con los Países Bajos,
más allá de la Línea de Hierro y de ahí entraron
a París en paseo militar prácticamente.
Los dos siguientes en la serie de muros "inexpugnables" fueron: la
Cortina de Hierro y el Muro de Berlín. Ambos desempeñaban la misma
función: mantener a los "cerdos capitalistas" fuera y al comunismo "puro" dentro.
Entre otras cosas que mantuvo fuera se cuenta la creatividad, la innovación
y el progreso.
En el ámbito local, tenemos el maravilloso muro San Diego/Tijuana. Tres
generaciones del mismo muro, si vamos a ser precisos. El muro original, de alambre
de púas, fue reemplazado por otro reforzado de acero y de poco estético
aspecto militar. Medio siglo después, en 1996, llegó otra ola de
xenofobia y nos gastamos millones de dólares en nuevas estaciones de alta
tecnología, cuyo aspecto recuerda las puertas de la ciudad de Oz. Georg
Haider, el líder político austríaco que es actualmente blanco
de los defensores de la eurodemocracia, dio a conocer que le complacía
nuestro muro cuando visitó San Diego en 1998. Por supuesto que se le escapó la
ironía de nuestra situación, pues EU de nuevo necesita trabajadores
agrícolas temporales. Con el éxito del Tratado de Libre Comercio
(TLC) y la presidencia de México fuera de las manos del PRI, el muro entre
ambos países parece ser uno de los menos inteligentes anacronismos.
¿
Qué decir entonces de la Oficina Federal contra el Narcotráfico
(DEA) y su "murito" particular contra la cocaína colombiana?
Ese fiasco nos está costando miles de millones de dólares, mientras
el precio de la cocaína continúa bajando en las calles.
Entre los muros, me falta mencionar el más famoso: el de Troya. De acuerdo
a Homero, ese muro no fue suficiente protección contra la astucia griega
y un caballo de regalo.
Lo cual nos lleva a nuestro punto de partida, el NMD, que no se le queda atrás
en cuanto a astucia. Ni el líder más "villano" o "loco" de
la nación más "rebelde" se atrevería a ponerle
una cabeza nuclear a un mísil dirigido contra Nueva York o Los Angeles.
Los chinos llevan años colándose a EU bajo esta asunción.
Cuando un barco cargado con una bomba atómica entre a una de nuestras
bahías podría ser detonado a control remoto. ¿Y qué decir
de la posibilidad de que se lleven a cabo ataques con armas químicas o
biológicas?
Hablando de astucia, ¿por qué no la hemos empleado con el NMD? ¿Por
qué no se trata de un secreto militar como lo fue el diseño del
Stealth, bombardero invisible al radar? ¿No sería más conveniente
que retuviéramos el elemento sorpresa, para el caso de que necesitáramos
atacar al enemigo? ¿O no es todo esta supuesta guerra galáctica
una operación multimillonaria? Los que estudian a los hombres y mujeres
de estado saben que la intimidación nunca lleva a la cooperación.
El poeta Robert Frost dijo en tono de chanza: "las buenas vallas hacen buenos
vecinos". El comentario más incisivo es el de John Locke en 1693, "la única
muralla contra el mundo es conocerlo bien". Al interpretar a Locke, en un
contexto adecuado a nuestro caso, se nos ocurre que quizá los miles de
millones de dólares asignados al NMD deberían emplearse en preparar
mejor a los que van a ser maestros de nuestros niños. Un sistema nacional
de defensa con base en mísiles no va a promover la paz, sino una nueva
carrera armamentista.
Por favor, señor Powell, entre los componentes de la descripción
de su trabajo no figura el promover las armas.
John L. Graham es profesor de Negocios Internacionales, UC-Irvine |
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