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GUERRA Y ECONOMIA: El Estímulo Donde Se Debe

Algo que puede servir de ayuda es un Nuevo Trato, como el New Deal de Franklin D. Roosevelt. Sin embargo, a diferencia de los años 30, lo que necesitamos no es ya represas y carreteras u otros proyectos semejantes. La crisis de infraestructura que enfrentamos en este país ha sido en el sector de servicios. Lo que necesitamos es m ás y mejores maestros, enfermeros, soldados y marineros







Guerra y Economia



Educacion

California

John L. Graham
Domingo, 30 de septiembre de 2001


Ni qué dudarlo. La economía necesita reactivarse, y sin demora. La única cuestión que se debate en el Capitolio es, ¿cómo hacerlo?

El ataque terrorista del martes 11 no fue el factor causante de esta recesión; sólo fue un poderoso catalizador. La alta tasa de interés tampoco fue lo que causó esta recesión; así, que de poco servirá seguir bajándola.

El Banco de Reserva Federal (Fed) se ha mostrado impotente este año. En Washington, parte de la discusión gira en torno al recorte de impuestos, propuesta que pese a su atractivo bien podría convertirse en la fórmula que desencadene un desastre aún mayor.

He aquí las razones que sustentan mi opinión.

El recorte de impuestos afectará mayoritariamente a las personas que perciben altos ingresos, las cuales no van a gastar lo que se ahorran de pagarle al fisco --con lo que desaparece una fuente de estímulo económico. Un recorte inmediato y significativo en el impuesto a las ganancias de capital --aunque tal posibilidad se limite a la mera mención-- hará que caiga precipitadamente el valor de las acciones.

De hecho, el actual impuesto a las ganancias de capital es lo que está reteniendo a los inversionistas, en un mercado donde todavía no se ha producido una estampida.

Si usted invirtió en la Bolsa en 1990, lo más probable es que no quiera vender precipitadamente sus acciones porque, de hacerlo, tendría que pagar un alto impuesto en concepto de ganancias de capital. Si se baja este impuesto se precipitará la debacle financiera. De hecho, al inversionista inteligente ya se le habrá ocurrido esta posibilidad y estará aprestándose a vender lo antes que pueda, si es que no ha empezado ya.

Algo que sí podría servir de ayuda es un Nuevo Trato, como el New Deal de Franklin D. Roosevelt. Sin embargo, a diferencia de los años 30, lo que necesitamos no es ya represas y carreteras u otros proyectos semejantes. La crisis de infraestructura que enfrentamos en este país ha sido en el sector de servicios. Lo que necesitamos es más y mejores maestros, enfermeros, soldados y marineros.

La manera en que el gobierno federal podría estimular más eficazmente la economía consiste en dar a cada maestro de escuela pública, a cada enfermera graduada, a cada soldado estadounidense, un aumento anual de 10 mil dólares de salario.

A diferencia de lo que harían los ricos, la clase obrera, base de este país, se pondrá a gastar ese dinero y así podríamos salir de la recesión mucho antes de lo previsto. Los que visten de caqui, blanco o azul ya se han ganado esa paga extra. Los maestros podrían ganársela si trabajaran un mes adicional como se hace en otros países.

Actualmente existen unos 2.5 millones de maestros de escuela pública; 2.1 millones de enfermeros graduados y 1.3 millones de estadounidenses en las Fuerzas Armadas. Eso supondrá un costo de 59,000 millones de dólares al año.

¿De dónde sacar esos fondos? A corto plazo, tendremos que gastar parte del excedente del Seguro Social. A largo plazo, debemos reducir en un 40% el gasto militar. En vista del ataque del martes, quizá a algunos les suene poco razonable proponer una reducción de este tipo y magnitud. Sin embargo, a largo plazo podemos permitirnos este tipo de recorte drástico en el gasto militar.

Veamos si se puede avalar este aserto con cifras y argumentos.

Estados Unidos es, sin admitir discusión, la mayor economía del mundo, con sus casi 10 billones de dólares en concepto de producto interno bruto (PIB). El gobierno federal gasta unos dos billones de dólares al año, provenientes mayoritariamente de los impuestos que paga el contribuyente.

De esa suma, aproximadamente 1.3 billones de dólares se destinan a programas sociales. El resto, 700,000 millones de dólares, va a gasto de defensa (328,000 millones este año) y en pagar intereses sobre la deuda nacional.

De hecho, la mayor parte de nuestra deuda se puede atribuir a la carrera armamentista y al desembolso destinado a defensa durante las pasadas administraciones republicanas Reagan/Bush. Lo que estoy intentando dejar en claro es que el interés que pagamos cada año, sobre la deuda pública, se debe casi todo al armamento que compramos a crédito durante los años 80.

Entonces, ¿cómo decide uno cuánto pagar en defensa nacional a largo plazo? ¿Por qué no gastar 400,000 millones? ¿Será mejor hablar de 500,000 millones? O, limitarse a los 200,000 millones que propongo.

Tanto los militares como el Congreso siempre han basado sus presupuestos en situaciones del pasado Recuerdo que hasta mi propio jefe de unidad, cuando estaba en el ejército, se guiaba por este principio. Hacia el final de cada trimestre, emitía la orden de gastar lo que sobrara en el presupuesto. Solía dar esta explicación: "Si no lo gastamos, nos cortarán el presupuesto el próximo trimestre". Para los oficiales, los recortes de presupuesto se traducen en que se les da menos autoridad y se disminuye su oportunidad de recibir una promoción.

Este fue, en no pequeña parte, el problema que Donald Rumsfeld encaraba antes del 11 de septiembre, cuando libraba una "Guerra contra la Ineficiencia", en el Pentágono. En última instancia, la fabricación de armamento significa que se crearán trabajos en todos los distritos del Congreso.

El problema es que nadie en el Pentágono ni en el Capitolio se dio cuenta, aparentemente, de que ha cambiado drásticamente el tenor de las amenazas contra la seguridad de EU desde los años 90. Ya no enfrentamos amenaza alguna de la Unión Soviética. Los recortes de presupuesto en Rusia han dejado al sector militar en situación poco menos que de disfuncionalidad. Para muy pocos tiene sentido la noción de una guerra entre Estados. Pese a la retórica encendida y el plañir de algunos, nunca vamos a hacerle la guerra a China. Los chinos gastan en armamento apenas un séptimo de lo que nosotros gastamos y las parejas chinas no están dispuestas a enviar a la guerra a su único hijo.

Además, el comercio entre nuestros dos países es demasiado importante como para interrumpirlo. Los conflictos del futuro serán de baja intensidad, como los de Irlanda, Israel o los centros metropolitanos de EU --y como los ataques terroristas contra Nueva York y Washington D.C.

Lo que necesitamos para librar con eficacia este último tipo de batalla es soldados mejor preparados, destreza lingüística en idiomas extranjeros (en árabe, para empezar), y una ciudadanía con mayor comprensión del mundo y con una visión de más alcance. Una de las mejores formas de lograrlo sería preparar mejor a nuestros maestros. Una forma de no conseguirlo sería el bregar por un presupuesto de defensa de 300 billones. Como dijo el filósofo John Locke en 1693: "La única defensa contra el mundo es conocerlo bien".

¿A qué se dedican otros países en este mundo nuevo y "multilateral" que el Sr. Bush parece acabar de descubrir? Los franceses son los que gastan más dentro de la OTAN, en base per cápita. Apartan unos 600 dólares anuales por persona en concepto de defensa, mientras que EU gasta unos mil dólares por persona en el mismo rubro. Sugiero que sigamos en esto a Francia y sigamos su plan de gastos, a largo plazo, con lo que llegaremos a los 200 millones de dólares que mencioné arriba. Esta estrategia a largo plazo nos permite invertir inmediatamente en maestros, enfermeras y en nuestros hombres y mujeres de uniforme.

John Graham es profesor de Negocios Internacionales en la Escuela de Administración de la Universidad UC-Irvine.

 

 

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