El
ataque terrorista del martes 11 no fue el factor causante de esta
recesión; sólo fue un poderoso catalizador. La alta
tasa de interés tampoco fue lo que causó esta recesión;
así, que de poco servirá seguir bajándola.
El Banco de Reserva Federal (Fed) se ha mostrado impotente este año. En
Washington, parte de la discusión gira en torno al recorte de impuestos,
propuesta que pese a su atractivo bien podría convertirse en la fórmula
que desencadene un desastre aún mayor.
He aquí las razones que sustentan mi opinión.
El recorte de impuestos afectará mayoritariamente a las personas que perciben
altos ingresos, las cuales no van a gastar lo que se ahorran de pagarle al fisco
--con lo que desaparece una fuente de estímulo económico. Un recorte
inmediato y significativo en el impuesto a las ganancias de capital --aunque
tal posibilidad se limite a la mera mención-- hará que caiga precipitadamente
el valor de las acciones.
De hecho, el actual impuesto a las ganancias de capital es lo que está reteniendo
a los inversionistas, en un mercado donde todavía no se ha producido una
estampida.
Si usted invirtió en la Bolsa en 1990, lo más probable es que no
quiera vender precipitadamente sus acciones porque, de hacerlo, tendría
que pagar un alto impuesto en concepto de ganancias de capital. Si se baja este
impuesto se precipitará la debacle financiera. De hecho, al inversionista
inteligente ya se le habrá ocurrido esta posibilidad y estará aprestándose
a vender lo antes que pueda, si es que no ha empezado ya.
Algo que sí podría servir de ayuda es un Nuevo Trato, como el New
Deal de Franklin D. Roosevelt. Sin embargo, a diferencia de los años 30,
lo que necesitamos no es ya represas y carreteras u otros proyectos semejantes.
La crisis de infraestructura que enfrentamos en este país ha sido en el
sector de servicios. Lo que necesitamos es más y mejores maestros, enfermeros,
soldados y marineros.
La manera en que el gobierno federal podría estimular más eficazmente
la economía consiste en dar a cada maestro de escuela pública,
a cada enfermera graduada, a cada soldado estadounidense, un aumento anual de
10 mil dólares de salario.
A diferencia de lo que harían los ricos, la clase obrera, base de este
país, se pondrá a gastar ese dinero y así podríamos
salir de la recesión mucho antes de lo previsto. Los que visten de caqui,
blanco o azul ya se han ganado esa paga extra. Los maestros podrían ganársela
si trabajaran un mes adicional como se hace en otros países.
Actualmente existen unos 2.5 millones de maestros de escuela pública;
2.1 millones de enfermeros graduados y 1.3 millones de estadounidenses en las
Fuerzas Armadas. Eso supondrá un costo de 59,000 millones de dólares
al año.
¿De dónde sacar esos fondos? A corto plazo, tendremos que gastar
parte del excedente del Seguro Social. A largo plazo, debemos reducir en un 40%
el gasto militar. En vista del ataque del martes, quizá a algunos les
suene poco razonable proponer una reducción de este tipo y magnitud. Sin
embargo, a largo plazo podemos permitirnos este tipo de recorte drástico
en el gasto militar.
Veamos si se puede avalar este aserto con cifras y argumentos.
Estados Unidos es, sin admitir discusión, la mayor economía del
mundo, con sus casi 10 billones de dólares en concepto de producto interno
bruto (PIB). El gobierno federal gasta unos dos billones de dólares al
año, provenientes mayoritariamente de los impuestos que paga el contribuyente.
De esa suma, aproximadamente 1.3 billones de dólares se destinan a programas
sociales. El resto, 700,000 millones de dólares, va a gasto de defensa
(328,000 millones este año) y en pagar intereses sobre la deuda nacional.
De hecho, la mayor parte de nuestra deuda se puede atribuir a la carrera armamentista
y al desembolso destinado a defensa durante las pasadas administraciones republicanas
Reagan/Bush. Lo que estoy intentando dejar en claro es que el interés
que pagamos cada año, sobre la deuda pública, se debe casi todo
al armamento que compramos a crédito durante los años 80.
Entonces, ¿cómo decide uno cuánto pagar en defensa nacional
a largo plazo? ¿Por qué no gastar 400,000 millones? ¿Será mejor
hablar de 500,000 millones? O, limitarse a los 200,000 millones que propongo.
Tanto los militares como el Congreso siempre han basado sus presupuestos en situaciones
del pasado Recuerdo que hasta mi propio jefe de unidad, cuando estaba en el ejército,
se guiaba por este principio. Hacia el final de cada trimestre, emitía
la orden de gastar lo que sobrara en el presupuesto. Solía dar esta explicación: "Si
no lo gastamos, nos cortarán el presupuesto el próximo trimestre".
Para los oficiales, los recortes de presupuesto se traducen en que se les da
menos autoridad y se disminuye su oportunidad de recibir una promoción.
Este fue, en no pequeña parte, el problema que Donald Rumsfeld encaraba
antes del 11 de septiembre, cuando libraba una "Guerra contra la Ineficiencia",
en el Pentágono. En última instancia, la fabricación de
armamento significa que se crearán trabajos en todos los distritos del
Congreso.
El problema es que nadie en el Pentágono ni en el Capitolio se dio cuenta,
aparentemente, de que ha cambiado drásticamente el tenor de las amenazas
contra la seguridad de EU desde los años 90. Ya no enfrentamos amenaza
alguna de la Unión Soviética. Los recortes de presupuesto en Rusia
han dejado al sector militar en situación poco menos que de disfuncionalidad.
Para muy pocos tiene sentido la noción de una guerra entre Estados. Pese
a la retórica encendida y el plañir de algunos, nunca vamos a hacerle
la guerra a China. Los chinos gastan en armamento apenas un séptimo de
lo que nosotros gastamos y las parejas chinas no están dispuestas a enviar
a la guerra a su único hijo.
Además, el comercio entre nuestros dos países es demasiado importante
como para interrumpirlo. Los conflictos del futuro serán de baja intensidad,
como los de Irlanda, Israel o los centros metropolitanos de EU --y como los ataques
terroristas contra Nueva York y Washington D.C.
Lo que necesitamos para librar con eficacia este último tipo de batalla
es soldados mejor preparados, destreza lingüística en idiomas extranjeros
(en árabe, para empezar), y una ciudadanía con mayor comprensión
del mundo y con una visión de más alcance. Una de las mejores formas
de lograrlo sería preparar mejor a nuestros maestros. Una forma de no
conseguirlo sería el bregar por un presupuesto de defensa de 300 billones.
Como dijo el filósofo John Locke en 1693: "La única defensa
contra el mundo es conocerlo bien".
¿A qué se dedican otros países en este mundo nuevo y "multilateral" que
el Sr. Bush parece acabar de descubrir? Los franceses son los que gastan más
dentro de la OTAN, en base per cápita. Apartan unos 600 dólares
anuales por persona en concepto de defensa, mientras que EU gasta unos mil dólares
por persona en el mismo rubro. Sugiero que sigamos en esto a Francia y sigamos
su plan de gastos, a largo plazo, con lo que llegaremos a los 200 millones de
dólares que mencioné arriba. Esta estrategia a largo plazo nos
permite invertir inmediatamente en maestros, enfermeras y en nuestros hombres
y mujeres de uniforme.
John Graham es profesor de Negocios Internacionales en la Escuela de Administración
de la Universidad UC-Irvine.
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