Verdad
I-- Los políticos causan guerras. Este primer principio es
fácil
de recordar. Hay tantos buenos ejemplos. La retórica y acciones de Adolph
Hitler, Benito Mussolini, Ho Chi Min, Lyndon Johnson, Richard Nixon (bombardeando
Camboya), Ronald Reagan (abasteciendo armas a los contras en Nicaragua), George
Bush Sr. (Panamá) Sadam Husein, Slobodan Milosevic, Yaser Arafat y Ariel
Sharon todos ellos comenzaron su respectiva guerra en los años recientes.
Sin estos políticos no hubieran ocurrido bombardeos, batallas y carnicería
entre civiles. George Bush Jr. está a punto de unirse a esta innoble lista.
Verdad II-- Las guerras causan muertes en ambos lados. Es decir, nadie realmente "gana" las
guerras. Un lado pierde menos gente que el otro, simplemente. Nuestra reciente
dominación de Irak y Afganistán parece haber empañado nuestra
memoria de la historia nacional. De hecho, durante las últimas tres guerras
que peleó EU no hubo realmente una victoria. La guerra de Corea terminó en
empate. Ante los vietnamitas perdimos. E incluso la Operación Tormenta
del Desierto fue realmente un empate, porque persiste el régimen de Sadam.
Es claramente demasiado pronto para calificar de victoria nuestra intervención
en Afganistán. Ni el líder talibán ni Osama Ben Laden han
sido capturados. Quizá lo más ominoso fueron las imágenes
de las fuerzas especiales estadounidenses actuando como si fueran la guardia
pretoriana del actual presidente Karzai. Parece como si estuviéramos abriendo
apenas la primera página de un libro de guerra que los británicos
y soviéticos se conocen muy bien, debido a sus desastrosas excursiones
entre las tribus de ese ámbito rocoso de montaña.
Bush, Cheney, Rumsfeld y el resto son los propagandistas de nuestra tecnología
bélica del siglo XXI y de la debilidad correlativa de los militares iraquíes.
Un cambio de régimen en Bagdad ¿será cosa fácil?
Sin embargo, esta manera de hablar pasa por alto la realidad del 11 de septiembre.
Una de las razones por las que tres mil civiles estadounidenses perdieron la
vida ese horrible día fue porque de hecho EU domina la guerra convencional.
El odio halla la manera de hacer la guerra. Basta fijarse en Israel hoy en día.
Por un lado los tanques de Sharon y por otro los chicos-bomba. ¿Quién
está ganando esa guerra? Si tenemos suerte los estadounidenses, sólo
tendremos unas pocas bajas en Irak en los próximos meses. Pero debemos
considerar el legado que traerá de odio, carnicería de civiles
y dominación de EU en un área tan conflictiva.
Verdad III-- El comercio trae la paz. En hartas ocasiones hemos oído de
la Casa Blanca que no tenemos alternativa sino atacar a Iraq. Diez años
de sanciones no han funcionado. La única estrategia persuasiva que tenemos
ahora es la de bombas guiadas por láser y cosas por el estilo.
Hay una tercera estrategia, aunque aplicarla a estas alturas casi equivale a
prescribirle que deje de fumar al paciente de cáncer de pulmón.
Nunca debimos haber usado sanciones comerciales contra Irak, en primer lugar.
Si, por supuesto, que tiene sentido prohibir las armas y los materiales para
hacerlas. Pero no la comida, medicinas, computadoras, la internet, televisores,
Coca-Cola, y barras de chocolate Hershey; todos deberían haber sido parte
del paquete ofrecido a los iraquíes para ganárselos. Tormenta en
el Desierto debería haber sido seguida de Torta en el Desierto. ¿No
funcionó estupendamente en Japón y Alemania después de la
Segunda Guerra Mundial?
Solomon Polachek, economista de la universidad estatal de Nueva York en Binghamton,
provee de las pruebas más convincentes de que el comercio será causa
de la paz. Reporta que los países que comercian forman entre sí una
interdependencia económica que da la razón suficiente para evitar
las guerras. Nuestros hallazgos más recientes en el programa de paz ciudadana
de la Universidad de California en Irvine (UCI) apoya esta noción. Nuestros
datos demuestran que las naciones que comercian más son las más
pacificas. Pueden ver los resultados de nuestras investigaciones en Peace Monitor:
www.cpbb.org para obtener más detalles.
Pero, la mejor prueba de que el comercio causa la paz viene del estrecho de Taiwán.
Pese a la incesante retórica y al sable desenfundado que siempre tienen
Taipei, Beijing y Washington, la paz persiste porque el comercio es demasiado
importante para que sea irrumpido. Los 400 mil gerentes e ingenieros de Taiwán
que viven cerca de Shanghai y los 50 mil estudiantes PRC que estudian en universidades
estadounidenses dominan los temas políticos, por sobre el espionaje y
los choques de aviones espías. Así debe ser.
Mi diccionario Webster define un amante de la guerra como aquel como "insta
que se vaya a la guerra o intenta provocarla". El presidente Bush llena
bien esa definición. Una guerra con Iraq matará gente en ambos
bandos. Nadie ganará. Bush y sus compinches creen en el epitafio del general
William Tecumseh Sherman: "el objetivo legítimo de la guerra es una
paz más perfecta". Sin embargo, la mayor verdad la expresó el
novelista Herman Wouk: "...la guerra es un viejo habito mental, una vieja
manera de pensar, una vieja técnica política, y debe pasar a la
historia como pasaron el sacrificio humano y la esclavitud".
John L. Graham es profesor de Negocios Internacionales en la Escuela de
Graduados de Gerencia de la Universidad de California en Irvine (UCI)
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