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John
L. Graham
Domingo, 03 de diciembre de 2000
En
Anaheim alguien ha trazado una raya en la arena.
Se está construyendo una gasolinera/mini
mercado en la esquina de Harbor y la calle South.
Los dueños han solicitado licencia para
vender cerveza y vino. La escuela primaria Ben
Franklin se levanta aproximadamente a una cuadra
de distancia. Más cerca aún hay
iglesias y una clínica comunal. El pasado
25 de mayo la oficina del asambleísta
Lou Correa organizó una discusión
comunitaria (en español e inglés)
sobre los procedimientos de aprobación
para la licencia de bebidas alcohólicas.
Era una noche tibia y las jacarandas estaban
en flor.
Los
protagonistas del encuentro resultaron ser
el doctor Don García,
propietario de la clínica familiar cercana, y el dueño
de la propiedad de la gasolinera. El doctor García preguntó por
qué se necesita la tienda número 15 de bebidas alcohólicas
en el vecindario. Agregó que estaba muy cansado de ver en
su clínica los resultados del abuso del alcohol: hígados
con cirrosis y esposas e hijos maltratados.
El dueño de la propiedad replicó que su banco le había dicho
que su plan de desarrollo no era factible a menos que en el inventario se incluyese
cerveza y vino. Agregó que la licencia realmente incluía una variedad
de restricciones al expendio de alcohol, por ejemplo, nada de ventas después
de la medianoche, cartel anunciador o venta de botellas individuales de cerveza.
O sea, sólo se venderían cartones de seis botellas.
Ambos oradores se pusieron emotivos, el primero sobre la perdida de vidas, el último
sobre dinero perdido.
A pesar de las continuas protestas de padres, funcionarios escolares, el clero
local y del doctor García, la Municipalidad de Anaheim aprobó la
licencia para la venta de cerveza y vino. El voto fue de 3 a 1. La fase final
en el proceso de aprobación es una audiencia con la Junta de Control de
Bebidas Alcohólicas del Estado de California (ABC), que se realizará durante
las próximas semanas en Sacramento.
UN EJEMPLO NADA MAS
Desgraciadamente, esta pequeña batalla en Anaheim simboliza cientos de
otras similares que se libran en todo el país con respecto a la promoción
y distribución de bebidas alcohólicas y otras substancias psicoactivas,
tales como el tabaco y la cocaína. Esta es la verdadera frontera en la
guerra contra las drogas, además de los centros de tratamiento de drogas
y alcohol, y la acción de padres que aconsejan y discuten el asunto con
sus hijos. Lamentablemente, estas batallas no son noticias de portada como lo
son los submarinos colombianos o los túneles de Tijuana.
Ya es hora de que nuestro gobierno haga una revisión general de las políticas
y leyes con respecto a las substancias psicoactivas. Ahora sabemos mucho sobre
los efectos fiscales, psicológicos y sociales del abuso de estas substancias.
Pero nuestra política actual es una mescolanza de legislación timorata
y poco sistemática basada en un largo historial de conjeturas sobre causas
y consecuencias del abuso de substancias adictivas..
En su libro Body Count, William Bennett describe bien el problema social más
urgente de nuestro tiempo. En él se hacen obvias las conexiones entre
el crimen y el abuso de esas substancias. Informa: "Lo que la literatura
sugiere es que el alcohol, al igual que las drogas, actúa como un `multiplicador'
de delincuencia (...) Se calcula que unos 10.5 millones de estadounidenses son
alcohólicos y 73 millones han sido afectados directamente por el alcoholismo
en alguna forma".
Aunque estoy de acuerdo por completo con la definición de Bennett sobre
el problema, no puedo concordar con todas las soluciones que recomienda. A pesar
del hecho de informar que los mejores estudios (incluyendo uno de la corporación
Rand) han encontrado que un dólar que se gaste en programas de tratamiento
vale siete en intentos de prohibición, termina el libro centrándose
en los crecientes esfuerzos de la prohibición. Basa este consejo en su
interpretación del aumento de los precios de la cocaína en EU durante
un año, asociado con las interrupciones a su producción en Colombia.
O sea, que de acuerdo a Bennett "la prohibición funciona. Simplemente
miren 1990".
INCONSISTENCIAS
Sin embargo, ahora tenemos más datos para analizar esas cifras de 1990
que Bennett consideró tan cruciales para su receta. Y en efecto, las noticias
son desalentadoras. Un reciente estudio de ABT Associates preparado para la Oficina
de Política Nacional para el Control de Drogas, muestra que, durante los
años 80 y 90, los precios de la cocaína en la calle bajaron continuamente.
En 1983, el precio en la calle de un gramo de cocaína era de unos 350
dólares, y ahora es de 200 dólares. Esos datos suscitan preguntas
muy serias sobre el potencial éxito de los intentos de prohibición.
Con esta evidencia, la aprobación de la Proposición 36 en el voto
del 7 de noviembre fue un paso importante en la dirección adecuada.
Concuerdo con la receta de Bennett en cuanto a que se debe reducir la publicidad
a las bebidas alcohólicas. Realmente el libro de Bennett hace un buen
trabajo al señalar las inconsistencias en nuestro enfoque para administrar
el abuso de las substancias psicoactivas.
Por alguna razón, permitimos la publicidad en los medios de comunicación
masivos y la más amplia distribución (simplemente pase por el barrio
de la escuela primaria Ben Franklin en Anaheim) de substancias que tienen consecuencias
graves para la salud pública, como el alcohol y el tabaco. En igual sentido,
nuestras leyes y esfuerzos para hacerlas cumplir hasta la fecha han hecho poco
en reducir la venta en pequeño y la reducción constante del precio
de la cocaína y la marihuana. Por otra parte, las leyes y la acción
judicial no son capaces de enfrentarse a las llamadas "drogas de diseño" que
ahora proliferan dentro de nuestras propias fronteras. Meth y Extasis son dos
drogas recientes que ilustran este punto.
ENFOQUE MULTIPLE
En una revisión total de la política sobre las drogas deben considerarse
todas las ideas. Deben prevalecer las mentes abiertas y las soluciones creativas.
Las agendas políticas deben ceder paso a la evidencia científica.
También deben considerarse las complicadas interacciones del abuso del
alcohol y la droga, así como el problema de la delincuencia y las condenas
carcelarias.
Los éxitos y fracasos registrados en otros países también
son pertinentes. Por ejemplo, en Holanda las drogas se ven como un problema médico
y la marihuana (con marcas de todo el mundo) se vende abiertamente en los cafés
de las zonas turísticas.
O vaya a Singapur. En el reverso del formulario de inmigración que le
entregan en el aeropuerto, se declara: "Advertencia: bajo la ley de Singapur
hay pena de muerte para los traficantes de drogas".
También debemos considerar el consejo de gente como Milton Friedman y
George Schultz, quienes recomendaron la legalización de las drogas. O
el de John McCain y William Bennett, que son partidarios de la intervención
militar como parte de la prohibición.
Finalmente, volviendo a Ben Franklin, el sabio, no la escuela, son pertinentes
aquí dos de sus comentarios: "beba con moderación", y "nunca
ha habido una buena guerra o una mala paz". |
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